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miércoles, 19 de agosto de 2026

COLECCIÓN DE COLGANTES CON FORMA DE HUEVO FABERGÉ N.º 1

 

COLECCIÓN DE COLGANTES CON FORMA DE HUEVO FABERGÉ N.º 1



El huevo Fabergé n.º 1 es un homenaje moderno a los orígenes de la Maison: una joya que combina la inspiración histórica con la artesanía contemporánea.

 

El colgante Fabergé No. 1 Huevo rinde homenaje al primer Huevo Imperial de 1885, plasmando su serena pureza y delicadas proporciones en un elegante colgante moderno. Elaborado en oro de 18 quilates, este colgante presenta un exterior de esmalte blanco mate de suave luminosidad, logrado mediante la meticulosa aplicación manual de múltiples capas de esmalte para crear su característico acabado aterciopelado. Una dispersión de diamantes blancos redondos añade un brillo sutil que realza la silueta escultural del huevo.

 

Haciendo eco del lenguaje de las primeras obras maestras de Fabergé, el colgante se abre para revelar un huevo en miniatura alojado en una delicada estructura de nido. El pequeño huevo interior mide 6,8 mm x 5,35 mm, mientras que el nido mide 10,8 mm, creando una composición armoniosa de formas que celebra la tradición de la Maison de sorprender y de exquisitos detalles. El huevo exterior completo (sin la anilla) mide 20 mm de largo y 15,35 mm de ancho, lo que lo convierte en una pieza refinada pero impactante, ideal para la elegancia cotidiana o para ocasiones especiales. Este colgante viene con una cadena de cable de oro de 18 quilates con corte de diamante, que incluye un extensor adicional de 44 cm para un estilo versátil. Seis pequeños diamantes se distribuyen a lo largo de la cadena a intervalos de 2,5 cm, añadiendo delicados puntos de luz que complementan el acabado de esmalte nacarado.

 

El Fabergé n.º 1 es una refinada interpretación de la pieza histórica: el primer huevo de Pascua imperial, que vio la luz en 1885 y estaba destinado a la emperatriz María Fiódorovna, quien, años antes, se había detenido ante la obra de "un maestro joven, pero ya plenamente formado", y reconoció algo brillante e insólito en sus manos cuando visitó la gran exposición de Moscú.

 

Para cumplir con el encargo imperial, Fabergé no creó una copia, sino su propia y refinada interpretación de la pieza histórica. El esmalte blanco opaco que recubre su concha imita la cáscara de un huevo, mientras que la yema interior es de oro mate. En su interior, una gallina, elaborada en oro multicolor, se posaba, y dentro de ella, una miniatura de la corona imperial de diamantes. La sorpresa final, por indicación del emperador, fue un pequeño colgante de rubí con forma de huevo. Lamentablemente, se desconoce el paradero actual tanto de la corona como del colgante.




Foto-periodista:GONZALO ESGUERRA P.


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