COLECCIÓN DE COLGANTES CON FORMA DE
HUEVO FABERGÉ N.º 1
El huevo Fabergé
n.º 1 es un homenaje moderno a los orígenes de la Maison: una joya que combina
la inspiración histórica con la artesanía contemporánea.
El colgante Fabergé
No. 1 Huevo rinde homenaje al primer Huevo Imperial de 1885, plasmando su
serena pureza y delicadas proporciones en un elegante colgante moderno.
Elaborado en oro de 18 quilates, este colgante presenta un exterior de esmalte
blanco mate de suave luminosidad, logrado mediante la meticulosa aplicación
manual de múltiples capas de esmalte para crear su característico acabado
aterciopelado. Una dispersión de diamantes blancos redondos añade un brillo
sutil que realza la silueta escultural del huevo.
Haciendo eco del
lenguaje de las primeras obras maestras de Fabergé, el colgante se abre para
revelar un huevo en miniatura alojado en una delicada estructura de nido. El
pequeño huevo interior mide 6,8 mm x 5,35 mm, mientras que el nido mide 10,8
mm, creando una composición armoniosa de formas que celebra la tradición de la
Maison de sorprender y de exquisitos detalles. El huevo exterior completo (sin
la anilla) mide 20 mm de largo y 15,35 mm de ancho, lo que lo convierte en una
pieza refinada pero impactante, ideal para la elegancia cotidiana o para
ocasiones especiales. Este colgante viene con una cadena de cable de oro de 18
quilates con corte de diamante, que incluye un extensor adicional de 44 cm para
un estilo versátil. Seis pequeños diamantes se distribuyen a lo largo de la
cadena a intervalos de 2,5 cm, añadiendo delicados puntos de luz que
complementan el acabado de esmalte nacarado.
El Fabergé n.º 1
es una refinada interpretación de la pieza histórica: el primer huevo de Pascua
imperial, que vio la luz en 1885 y estaba destinado a la emperatriz María
Fiódorovna, quien, años antes, se había detenido ante la obra de "un
maestro joven, pero ya plenamente formado", y reconoció algo brillante e
insólito en sus manos cuando visitó la gran exposición de Moscú.
Para cumplir con
el encargo imperial, Fabergé no creó una copia, sino su propia y refinada
interpretación de la pieza histórica. El esmalte blanco opaco que recubre su
concha imita la cáscara de un huevo, mientras que la yema interior es de oro
mate. En su interior, una gallina, elaborada en oro multicolor, se posaba, y
dentro de ella, una miniatura de la corona imperial de diamantes. La sorpresa
final, por indicación del emperador, fue un pequeño colgante de rubí con forma
de huevo. Lamentablemente, se desconoce el paradero actual tanto de la corona
como del colgante.

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