En Jean-Paul Gaultier, Duran Lantink
vuelve a la carga.
La primera
colección del diseñador holandés para Jean-Paul Gaultier fue recibida con
escaso entusiasmo, hasta el punto de que el propio Gaultier salió en defensa
del talento de su sucesor. A través de su marca homónima, el diseñador ya habÃa
cautivado al mundo de la moda con sus innovadoras exploraciones de la silueta.
Parte de esa excentricidad reapareció el miércoles por la noche en su segunda
colección de alta costura.
En la sede de la
marca, en la galerÃa de la casa señorial de la Rue Saint-Martin, cerca de los
Grands Boulevards, Lantink presentó una colección Otoño/Invierno 2026-27
inspirada en el mundo ecuestre. Abundaban las referencias a la doma clásica y
al salto ecuestre, desde largas trenzas atadas en la nuca con un gran lazo,
hasta pantalones de montar y jodhpurs que aparecÃan en la mayorÃa de los looks.
Los modelos, tanto hombres como mujeres, avanzaban por la galerÃa, donde
grandes sábanas blancas se extendÃan a lo largo de las paredes como si imitaran
el andar de un caballo en una prueba de doma clásica, observando las primeras
filas bajo la mirada divertida pero tensa de los equipos del taller sentados en
el balcón del primer piso.
Bajo la atenta
mirada de Jean-Paul Gaultier, acompañado por Catherine Deneuve , el diseñador
exhibió su talento: aquà evocando un caballo, allá introduciendo un sutil
desequilibrio en un vestido lencero de doble seda satinada con una
protuberancia lateral, o un vestido cónico con escote de proa de barco. Maestro
de los volúmenes desconcertantes, en su mayorÃa logró equilibrios hábiles que
intrigaban sin perder el rumbo. Se permitió guiños a los archivos, como un
vestido con aspecto de armadura que hacÃa referencia a la colección de alta
costura 2008-2009. Sin embargo, es en la excentricidad donde realmente brilló:
un top voluminoso erizado de largas cuentas de tubo de vidrio y perlas negras;
un vestido rosa de plumas del que parecÃan emerger cuellos de flamencos; y
vestidos con corsé que brotaban protuberancias.
El desfile, con
34 looks, culminó en un final vibrante y rÃtmico ideado por Frédéric Sanchez,
que anunció la entrada de una imponente duquesa cuyo vestido se desplegaba de
forma espectacular, con extensiones laterales tubulares y capas en cascada de
seda y tul de poliamida en color burdeos.
Y esta vez, una
ovación de pie recibió al diseñador al saludar, dejando su impronta en la casa
de moda propiedad de Puig.

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